Este proyecto une distintos trabajos fotográficos realizados en barrios de Pamplona, concebidos como un proceso de expansión. A través de ellos busco capturar atmósferas y sensaciones que remiten a la luz y composición como elementos fundamentales de la experiencia visual. Ambos actúan como ejes narrativos, reforzando la carga emocional de cada imagen y permitiendo que el espectador establezca su propia conexión con las ideas de cambio y permanencia.
Más allá de un registro documental, el trabajo propone un diálogo entre la identidad personal y el territorio.
Explora cómo los lugares que nos han marcado continúan habitando en nosotros, no desde la nostalgia o la pérdida, si no desde la continuidad y la transformación. Las imágenes funcionan como documentos sensibles: rastrean la huella del cambio en espacios que fueron testigos de recuerdos, revelando cómo el tiempo modifica los lugares sin borrar del todo lo que en ellos permaneció.













