La fotografía tiene su propio discurso. Lo que percibimos es una cosa; la imagen que generamos otra. Entre ambas, la forma de mirar.

La luz entra y se posa donde quiere. A veces intensa, a veces apenas roza. Las sombras cubren y se desplazan. Hay puertas que no terminan de abrirse, ventanas que filtran más de lo que muestran y pasillos que aguardan

No todo está a la vista, ni hace falta. Hay imágenes que llegan solas y otras que no llegan, o no todavía. No se trata de insistir demasiado. A veces es mejor dejarlo ahí.

Lo que queda tiene más que ver con cómo deambula la mirada. Una forma de acercamiento que no cierra del todo, un permanecer en ese punto donde la imagen todavía no se explica.